En esta edición publicamos el primero de tales artículos, aparecidos originalmente en el diario El Siglo, de Bogotá.
La dialéctica de los 800 millones
¿Qué hacía un periodista colombiano en la China en el momento de la elección del presidente Chiang Ching-kuo? Es esta la pregunta que voy a intentar responder. Parecería fácil hacerlo: basta con decir "lo mandó allí la embajada china". Y sin embargo, siendo cierta la afirmación no está en ella comprendido el significado de este viaje.
Cuando llegué a China sabía muy poco de ella: que Taiwan era la sede de la Liga Mundial Anticomunista (en inglés WACL), y que ese país estaba acorralado, literalmente, por el mundo. Ambas cosas eran atractivas.
En 1970 parece haber comenzado el proceso universal de abandono de los afectos y de los principios que llevó a las más disímiles naciones a romper relaciones con "la China de Chiang Kai-shek", como la llamamos los colombianos, para poderlas tener con la China de Mao. Era la "dialéctica de los 800 millones" que había entrado en funcionamiento, y esta tendencia general estaba marcando una pauta en el ahora acelerado proceso de decadencia de la fuerza moral de occidente. En alguna época, Mao Tse-tung le había dicho a algún jefe de gobierno de nuestro mundo: "si hubiese una guerra, los chinos comunistas podemos sacrificar 80 millones, 200 millones, 600 millones de hombres, inclusive, y todavía nos quedaria el equivalente de la actual población de los Estados Unidos para reconstruir lo que quede. Pero no quedaría nada de ustedes".
Era un argumento infantil. Pero pareció demasiado poderoso a los pusilánimes de esta desorientada década y el efecto de oírlo fue devastador. Tan grande, que llevó a Richard Nixon, en un gesto de personal e histórica incongruencia, a darle la mano a Mao. La carrera politica de Nixon, que lo condujo a la dirección del Estado más importante del mundo, se había fundamentado a todo lo largo, en una dinamica postura anti-comunista. Evidentemente, occidente estaba decayendo y no queria morir sintiéndose pisoteado por la supuesta "horda amarilla" que tenía lista Mao para soltarla sobre la civilización.
Los principios morales esenciales a nuestra cultura se convirtieron, de la noche a la mañana, en algo demasiado etéreo para ser defendido a sangre y fuego, Mao no había sido un mal estratega, y aquí ganó sobre el mundo libre una batalla sustancial.
De repente, los norteamericanos se dieron cuenta de que los 800 millones de chinos eran, bien contados, 800 millones de chinos. En la historia nunca se había descubierto perogrullada igual. Y algún gerente dijo: "Y 800 millones de chinos deben ser, bien contados, 800 millones de consumidores". Y quedó consumada la entrega de la moral politica del mundo libre.
Una Nación aislada
Miremos el "China Yearbook", publicado por la Oficina de Información del Gobierno de Taiwan, en el capitulo correspondiente a "Relaciones Internacionales".
"Aunque Tailandia, miembro fundador del Consejo Asiático y Pacifico, se retiró en 1975, y Viet Nam, otro miembro fundador, se perdió a los comunistas en la misma fecha, los diversos centros del ASPAC siguen funcionando ... ".
"Aunque no existen relaciones diplomáticas con India, los dos países mantienen un intercambio comercial, técnico y cultural... ".
"A pesar de la terminación de las relaciones diplomáticas entre XX y la República de China, el volumen comercial entre los dos ha seguido creciendo ... ".
"A pesar de la ausencia de relaciones ... ".
"A pesar de la terminación de relaciones ... ".
"A pesar del establecimiento de relaciones entre Alemania y los comunistas ... ".
"A pesar de ... a pesar de ... ".
* * *
A pesar de nosotros, los representantes del mundo libre, los chinos sobreviven como una nación no esclavizada aún por el comunismo. Lo hacen contra los deseos secretos de occidente. Si no les ayudamos, esperan. Tienen "esa paciencia oriental que los caracteriza". Juegan con la historia como si no se les fuera a acabar de un momento a otro, y saben que ella es una potente arma política, mientras los occidentaies somos inmediatistas y pragmáticos y perdemos en unas horas lo que hemos ganado en cinco años de lucha dura, como la segunda Guerra Mundial...
"A pesar de no tener relaciones" con un 80% del mundo democrático de occidente, porque las democracias se fugaron hacia Pekín, curiosas, decadentes, cobardes, amedrentadas por la dialéctica de los 800 millones y llevadas por una vana promesa de poder vender más ropa interior, más CocaCola, más revistas de Supermán ... el heroico pueblo de Taiwan sigue siendo amigo de todo el mundo. Es lo que he llamado "la política de la sonrisa", que sólo puede darse cuando uno está convencido de que el transcurso del tiempo está a su favor aunque la adversidad presente no lo señale así.
La política de la sonrisa
Tradicionalmente los chinos han sonreido. Para nosotros ese es un rasgo fundamental de su idiosincrasia porque sus bellos ojos son como una sonrisa en occidente. Y cuando de veras sonrien, estallan en carcajadas. Ahora han hecho de ese arte -la sonrisa-, una cultura que posee sus instancias rituales y sus aplicaciones políticas. Si la sonrisa fuese un método vulgar de la amistad, los chinos que son complejos e interiores, ya habrian diseñado nuevas formas de relación. Los ingleses se extendieron por medio universo, en su época imperial, sin lograr jamás esbozar una sonrisa de amistad que no resultara agria. Los americanos miden la sonrisa en bienes de consumo. Los italianos la reservan para los aspectos sensuales de la existencia. Pero los chinos, en cambio, han hecho de ella la manifestación externa y visible de un estado de ánimo interior, espiritual. Sonríen de complacencia. Están siempre dispuestos a hacerlo así. Para ellos la sonrisa es una forma de cortesía y una forma de supervivencia. En un mundo en el cual las morales se ponen en fuga, la cercanía de los corazones es la única esperanza que queda. Cuando una nación como China pierde el derecho a ser respetada y defendida, entonces tiene que ganarse los afectos. Es lo que hacen. A pesar de la dialéctica de los 800 millones y de la promesa de vender baratijas en el continente, la China de Chiang Kai-shek sigue estando inconmoviblemente al pie de quienes ya la han abandonado.
Afortunadamente no senti escrúpulos de conciencia: Colombia ha tenido la entereza necesaria para mantener sus relaciones, en una época en que estas lealtades no se estilan, y hacemos una orgullosa excepción en el China Yearbook.
Todavía estamos aquí
Le hice una visita de cortesía el señor Yang viceministro de Relaciones Exteriores. Me dijo: "El coraje moral está disminuyendo", en una alusión clara a los amigos de China que ya no se atreven a serlo, y a las pobres victimas de la dialéctica simple de Mao y como yo le preguntara, ingenuamente, cómo se podría hacer para contrarrestar el argumento de la sociedad de consumo que había, en potencia, en China comunista, por el cual occidente estaba preparado a contemporizar con sus enemigos, el viceministro Yang sorbió su té y agregó: "Hemos vivido bajo esa amenaza durante los últimos cuatro gobiernos norteamericanos. Con Turquía aprendieron que los "consumidores potenciales" son una ilusión y que es mucho más importante el comercio real. Johnson está muerto ya, y la República de China sigue en pie. Richard Nixon fue a Pekín y comenzó el "detente" (distensión), pero ya está muerto -politicamente- y la República de China está aquí aún, libre. Ahora, bajo el Gobierno de Carter, nuestro volumen de comercio con los Estados Unidos es manifiestamente superior a cualquier expectativa del continente... ".
Si. Además de la sonrisa, que es un arma política, los chinos de Formosa tienen otras armas. Sobreviven porque producen. Y el pragmatismo comercial del mundo capitalista y occidental, ha resultado ser, insospechadamente, el talón de Aquiles de su huidiza moral. Los chinos tienen la razón y tienen la fuerza.